SANIDAD Y MEDIO AMBIENTE
En 2013, el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz concluyó la elaboración del primer plan municipal de largo aliento en el país, generando un marco que debería guiar las acciones para el desarrollo del municipio en los siguientes 25 años desde su conclusión, el “Plan La Paz 2040”. El plan propone ejes estratégicos para la ciudad referidos a la sustentabilidad, la seguridad y capacidad de adaptación al cambio climático, al ordenamiento territorial, el desarrollo humano, el económico y el institucional.
No es la intención de este artículo hacer un análisis del Plan 2040, que desde ya es muy completo y muy pertinente en cuanto a su visión del municipio y de la ciudad; el propósito es llamar la atención sobre su alcance y apoyar a su implementación a partir del concepto de proceso. Si bien el plan abarca el municipio, es innegable su fuerte incidencia sobre el área urbana, dado que entonces el amplísimo territorio del área rural contaba con 12.000 habitantes y, además, es de mi interés el referirme, por ahora, a los temas urbanos.
Los problemas de la ciudad
No contradigo en nada con el Plan 2040 si, desde mi punto de vista, afirmo que la ciudad de La Paz tiene enormes problemas, cuyas soluciones, visualizadas con claridad en el plan, demandan grandes inversiones, verdadera voluntad política y efectiva participación. En mi opinión, los mayores problemas de la ciudad son, en orden de importancia:
- los de sanidad y medio ambiente,
- los de movilidad urbana y
- el déficit y uso del espacio público;
dentro de estos ámbitos generales inciden una serie de condiciones, características y problemas inscritos en campos contenidos por los mismos.
Sanidad y medio ambiente
Siempre se menciona que La Paz está asentada sobre más de 200 ríos, afluentes de sus cuencas Orkojahuira, Irpavi, Achumani y Huayñajahuira, todas afluentes del Río Choqueyapu; sin embargo, esos ríos, incluidos los principales de las cuencas, ahora son la red de alcantarillado sanitario de la ciudad, que desemboca en el Río La Paz que, a su vez, riega las áreas de cultivo de Mecapaca y “río abajo”. Por eso es que éste es el problema mayor de la ciudad y su solución va por generar una red colectora de alcantarillado y plantas de tratamiento, lo que, nadie puede negar, cuesta millones, pero no por eso debe dejar de ser una prioridad.
Desde que el crecimiento de la ciudad se aceleró, allá por los años 1900, la solución que se le ha dado a la contaminación de los cursos de agua ha sido embovedar, cerrarlos y “problema resuelto”, red de alcantarillado enterrada y, lamentablemente, esa mentalidad persiste en la actualidad. Ya hay un proyecto para embovedar el Choqueyapu desde “La Gruta” hasta Obrajes, en el sector donde la elevada pendiente posibilita mayor oxigenación a las contaminadas aguas, incluso, un programa tan nuevo como el de “Centralidades”, en las bases del concurso para la propuesta de la Centralidad de Obrajes planteaba el embovedado del río.
El Plan de Ordenamiento Urbano, elaborado entre 2002 y 2004, sin aprobación ni seguimiento, hoy obsoleto y perdido en algún anaquel, proponía en su estrategia de intervención un Plan Maestro del Sur, el de recuperación ambiental de la ciudad, considerando que el área tiene los ríos Irpavi, Achumani, Huayñajahuira y una parte del Choqueyapu canalizados pero a cielo abierto. Hoy estos cursos de agua ya están contaminados y malolientes. A esto debe sumarse una administración del abastecimiento y distribución de agua potable y del sistema sanitario de la ciudad centralizada, por intereses políticos en el Gobierno Central (EPSAS), restringiendo más aún las oportunidades al Gobierno Municipal para una gestión ambiental efectiva.
Responsabilidades
Los desarrollos inmobiliarios y otros proyectos que han proliferado en este sector de la ciudad y otros más arriba (en el Parque Urbano Central), resultantes de la etapa de bonanza económica que ha vivido el país, generados por promotores privados, empresarios, profesionales e incluso instituciones públicas, NO se han percatado siquiera de su responsabilidad frente a este problema porque “la normativa no lo exige”. Efectivamente, la norma es incompleta, elaborada como si las responsabilidades sobre la ciudad fueran únicamente de la autoridad, reglamenta solamente ocupación del suelo y patrones de edificación, pero la responsabilidad privada, que se beneficia económicamente con los proyectos que desarrolla, no considera el impacto que sus negocios están infringiendo a la ciudad y su medio ambiente.
Además que estos proyectos inmobiliarios y de equipamientos no consideran la posibilidad, o necesidad, de tratar sus aguas servidas antes de verterlas a los “ríos sanitarios”, lo cual aliviaría en mucho el problema, tampoco ponen interés en entender el espíritu de la norma que, por ejemplo, exige un Área Mínima Verde con el propósito de aumentar las oportunidades de escurrimiento de aguas de lluvia e incrementar la oxigenación. Mostrando “viveza criolla” o total mediocridad profesional, hay muchos ejemplos de edificios que cubren estas “áreas verdes” con pasto sintético, como si lo de área verde se refiriera al color, e incluso ponen árboles y arbustos de plástico!! Lamentablemente sin control municipal.
Fotografía izquierda: Joel Kittelson