Para las elecciones municipales se habla de megaobras mientras los problemas estructurales de la ciudad siguen fuera del debate.

Dentro de unos días (22 de marzo de 2026) elegiremos al próximo alcalde de La Paz, hay 17 candidatos en carrera y probablemente cinco o seis de ellos logren representación en el Concejo Municipal. Podría pensarse que una competencia electoral tan amplia generaría un debate profundo sobre el futuro de la ciudad; sin embargo, la campaña se ha llenado de proyectos espectaculares, imágenes llamativas y promesas de grandes obras o de propuestas sobre visiones barriales aisladas, mientras los problemas estructurales de la ciudad —los que realmente determinan su calidad de vida y su sostenibilidad— apenas aparecen en el discurso político.
Tren elevado, tren eléctrico, centro recreativo, grandes infraestructuras. Todo suena atractivo, todo se ve bien en un afiche de campaña, pero la pregunta inevitable es otra: ¿Quién está hablando de los problemas reales de La Paz?
La ciudad que vierte sus aguas servidas a los ríos

La Paz suele ser descrita como una ciudad asentada sobre 300 ríos y riachuelos, en realidad, lo que tenemos hoy es algo muy distinto: una red de ríos convertidos en alcantarillado sanitario que vierten sus contaminadas aguas a cinco cuencas, la del Choqueyapu y las del Orkojahuira, Irpavi, Achumani y Huayñajahuira, en parte embovedadas y en gran parte aún a cielo abierto, las mismas que confluyen en el Río La Paz, cuyas aguas se utilizan para regar los cultivos de la zona de Río Abajo.

Durante más de un siglo hemos aplicado la misma “solución”: embovedar los ríos y esconder el problema bajo tierra. Es una política urbana basada en la negación. Resolver este problema exige inversiones enormes: redes colectoras, separación de aguas pluviales y sanitarias, plantas de tratamiento, NO son obras vistosas, NO son atractivas para cortar cintas ni para hacer campaña, no se pueden concluir en el período de una administración municipal, pero seguramente son obras dirigidas a resolver el problema ambiental más grave de la ciudad y, prácticamente, no aparecen en la discusión electoral aunque es claro que afecta a su futuro y a su sostenibilidad.
La ilusión de resolver el tráfico con más cemento

La congestión y el caos vehicular se han vuelto parte del paisaje cotidiano de La Paz, el parque automotor crece cada año y el transporte público sigue basado en minibuses de baja capacidad, mientras el número de vehículos aumenta, el transporte público de La Paz Bus (PumaKatari), que ha generado cultura ciudadana, está muy venido a menos por decisión de una administración municipal que no le interesó verlo mejorar y crecer y el de Mi Teleférico, que es muy útil en emergencias como las generadas por bloqueos, pero no logra definirse como transporte masivo, la movilidad urbana sigue siendo uno de los problemas serios de la ciudad.
La respuesta habitual siempre apunta a “proyectos” como un tren elevado cuya factibilidad es dudosa o tal vez inviable en las condiciones topográficas de La Paz o más vías y más infraestructura, pero, como escribió Lewis Mumford en un ensayo para New Yorker en 1955, “agregar carriles a las autopistas para resolver la congestión de tráfico es como soltarse la correa para resolver la obesidad”. El problema no está en la insuficiencia de vías (quizás la calidad de las existentes es mejorable) o en la cantidad de tráfico, el problema no es solamente cambiar o aumentar medios de transporte, es necesario cambiar la ciudad, es que no estamos planificando la ciudad.

Como lo planteó claramente Richard Rogers (Ciudades Para un Pequeño Planeta, 2000), las ciudades para funcionar en beneficio de su población NO deben expandirse indefinidamente ni depender del automóvil para todo, deben organizarse como ciudades compactas (expansión controlada, planificada)y policéntricas (varios centros) donde los servicios, el comercio, la cultura y, si posible, el trabajo, estén cerca de donde vive la gente. La Paz, por su geografía y por los modos de apropiación del territorio de parte de su gente, podría lograrlo mejor que muchas otras ciudades, pero esta poli centralidad, que ya está definida como estrategia en el Plan La Paz 2040 (archivado por la actual administración municipal) exige planificación, voluntad política en todos los niveles del estado y visión de ciudad, no “slogans” de campaña.
Una ciudad sin espacio público

La Organización Mundial de la Salud considera que una ciudad debería tener al menos 9 metros cuadrados de área verde por habitante y ONU-Habitat recomienda 15 metros cuadrados por habitante, en La Paz tenemos entre 2,5 y 5 metros cuadrados de área verde por habitante (UMSA-2020), eso significa que nuestra ciudad vive con menos de la tercera parte del espacio verde recomendado.
Las pocas grandes áreas disponibles para pulmones de la ciudad como el bosque de Pura Pura, el Parque de Mallasa, el Parque Urbano Central y el Jardín de la Revolución (nunca hecho efectivo y le queda poca superficie) están permanentemente amenazadas por invasiones, urbanizaciones o presiones inmobiliarias. La Ley de Usos del Suelo Urbano (LUSU) incluye en sus planos áreas protegidas municipales y áreas destinadas a forestación y a preservación del paisaje natural que no se han respetado ni se respetan en manos del negocio inmobiliario sin reacción alguna de parte del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz (GAMLP).

Mientras tanto, seguimos aprobando proyectos que densifican la ciudad sin generar nuevos espacios públicos, construimos ciudad privada, pero olvidamos construir ciudad pública. La disponibilidad de terrenos para espacio público y áreas verdes en la mancha urbana es muy escasa y en constante peligro de avasallamiento o, lamentablemente, es objeto de “concesión” de parte del propio Gobierno Municipal para su uso en proyectos que son negocios privados y no servicios públicos.
El problema no es sólo la escasez de espacio público, es también la forma en que lo usamos, aceras ocupadas por comercio informal, plazas convertidas en ferias permanentes, calles utilizadas como estacionamientos o talleres improvisados, áreas verdes cercadas o deterioradas. En teoría, el espacio público pertenece a todos, en la práctica, parece no pertenecer a nadie, ni las autoridades logran administrarlo adecuadamente, ni como sociedad hemos desarrollado una cultura de cuidado de lo común.
El problema invisible: los límites municipales
A todos estos problemas se suma otro que rara vez aparece en el debate político: la indefinición de los límites municipales de La Paz con los municipios vecinos. Este problema genera conflictos permanentes en la administración del territorio, en la provisión de servicios, en el control de la urbanización y de la ocupación del suelo, en otras palabras: dificulta cualquier intento serio de planificación urbana.
Sin resolver esta cuestión, la ciudad seguirá creciendo en medio de ambigüedades administrativas y territoriales. Si bien la administración municipal no es la única responsable de la solución, le corresponde marcar la línea de acción para una definición clara de jurisdicciones y avanzar en la institucionalización del Área Metropolitana de La Paz.
Una elección que debería hablar de ciudad

Las ciudades no se construyen con promesas de campaña ni con proyectos espectaculares, se construyen con planificación, visión y responsabilidad colectiva. Los grandes problemas urbanos de La Paz —sanidad ambiental, movilidad, espacio público y ordenamiento territorial— no se resolverán con una megaobra, se resolverán con decisiones difíciles, inversiones sostenidas y políticas públicas que miren más allá del próximo periodo electoral.
La pregunta que queda para esta campaña es simple: ¿queremos elegir un alcalde que prometa obras… o uno que se atreva a enfrentar los verdaderos problemas de la ciudad?

Imagen de Cabecera o Imagen Destacada: fotografía de la ciudad de La Paz de Giovanny Wolf
El artículo plantea con claridad un tema fundamental para el futuro de La Paz: la necesidad de discutir la ciudad real y sus problemas estructurales, más allá de las promesas de campaña y de las grandes obras que suelen dominar el discurso electoral.
La Paz enfrenta desafíos complejos que no pueden resolverse únicamente con proyectos espectaculares o soluciones aisladas. Temas como la gestión de los ríos y las aguas servidas, la movilidad urbana, la falta de espacios públicos y la planificación del territorio son asuntos que requieren una visión de ciudad a largo plazo, políticas públicas sostenidas y un verdadero compromiso con la sostenibilidad urbana.
Resulta particularmente importante recordar que las ciudades no se transforman solo con infraestructura visible, sino con planificación, gestión responsable del territorio y fortalecimiento del espacio público, elementos que definen la calidad de vida de sus habitantes.
Abrir este tipo de debates es necesario y saludable para la democracia urbana. Pensar La Paz desde sus desafíos estructurales permite mirar más allá del corto plazo electoral y avanzar hacia una ciudad más ordenada, sostenible y habitable para las próximas generaciones
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