Territorios en Equilibrio I

Lo ocurrido en los últimos dos meses en el país y que aún no se resuelve del todo, muestra que la población rural puede ser fácilmente manipulada (aunque también obligada) por la politiquería porque claramente hay una situación de precariedad y pobreza en el campo.

Como arquitectos y urbanistas, a menudo caemos en la trampa de pensar que nuestra labor termina donde acaba la “mancha urbana”; sin embargo, siempre he sostenido que el territorio no es un soporte vacío ni un escenario pasivo, sino un sistema con vida, con diversidad y productivo.

No existe una ciudad sostenible si se planifica como si la metrópoli no dependiera del campo, o como si el desarrollo rural fuera un tema ajeno al quehacer urbanístico. Hacer ciudad también es mirar al campo y reconocer que la ciudad depende vitalmente del campo.

No es posible ver a lo rural y lo urbano como si fueran mundos aislados; estamos ante la formación de lo que José Núñez del Prado (2016)[1] llama una «agrópolis-rurbana», una forma de vida común interconectada que exige nuevos paradigmas de interpretación.

La ciudad no es solo un receptor de migración y centro de consumo; debe ser entendida como la principal herramienta para desarrollar el territorio, actuando como un nodo de transformación, logística y servicios especializados para su región inmediata.

Cuando el ordenamiento territorial falla en articular estas relaciones, las consecuencias son dolorosamente visibles: abandono del campo y migración forzada hacia las periferias urbanas, ocupación de zonas de riesgo y una pobreza periurbana creciente.

El desarrollo rural no es sólo fomento agropecuario; bajo el enfoque de Desarrollo Territorial Rural-DTR (Comunidad Andina, 2011)[1], es un proceso de transformación productiva e institucional en un espacio determinado con el fin de reducir la pobreza y en el que la ciudad tiene un papel fundamental.

Para que esto sea efectivo, el ordenamiento territorial debe encararse a partir de transformar las condiciones de producción, desarrollar instituciones para apoyarlas y una visión holística del territorio. Territorializar las políticas significa llevar el Estado al terreno para proteger los sistemas de vida y la seguridad alimentaria. ¿Qué institución en el país está abordando realmente esta relación urbano-rural con seriedad técnica?


[1]       Comunidad Andina, “Modelos de Desarrollo Rural con Enfoque Territorial en países de la CAN”, 2011


[1]     Núñez del Prado, José, «La relación entre desarrollo rural y academia en la mira: El caso del CIDES-UMSA», FAO-Umbrales 30, 2016

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Jorge Valenzuela Valenzuela

Soy arquitecto urbanista, titulado en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), La Paz, Bolivia, tengo una Maestría en Arquitectura y Diseño Urbano (UMSA-Universidad de Buenos Aires-Centro Poiesis) y un Diplomado en Educación Superior y Enseñanza Universitaria (Università degli Studi Guglielmo Marconi-UVirtual). Experiencia de trabajo: Viceministro de Urbanismo (1985), Director Ejecutivo del Consejo del Plan Regulador de Sucre (1982-1984), Oficial Mayor de Gestión Territorial del GAMLP (2002-2005), Gerente General del Proyecto del Parque Urbano Central de La Paz (2005-2006). Consultor en Urbanismo, Diseño Urbano, Ordenamiento Territorial y Arquitectura en proyectos de: Banco Mundial, BID, NNUU, USAID, secretarías y Ministerios del Gobierno Boliviano, GAMLP e instituciones y personas del ámbito privado. Docente de pre-grado y post-grado en UMSA, UCB, UPSA y UPB. Arquitectura: Primeros Premios (3), Segundos Premios (2) y Menciones Honrosas (3) en concursos nacionales e internacionales de arquitectura y en la XII Bienal de Arquitectura Boliviana: Proyectos de arquitectura para instituciones públicas, personas e instituciones privadas desde 1976. Disertante invitado en congresos, seminarios y cursos nacionales e internacionales.

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